Entre el sábado 31 de enero y el martes 10 de febrero de 2026, bitcoin pasó de un bajón rápido hacia la zona de USD 60.000–62.000 a estabilizarse cerca de USD 70.000. No hubo un gran anuncio que lo explicara todo; fue el vaivén clásico del mercado: primero, una sacudida de fin de semana; luego, un reacomodo más calmo.
La caída comenzó el fin de semana del 31 de enero–1 de febrero, cuando los mercados tradicionales están cerrados y bitcoin, que opera 24/7, funciona como primer termómetro. Al romperse niveles de precio, muchas posiciones con apalancamiento se cerraron de forma automática y aceleraron el movimiento. Ya entre el lunes 2 y el viernes 6 de febrero, se sumó otro factor: salidas netas de fondos y ETF de bitcoin durante varias sesiones seguidas, un flujo que pesó en el corto plazo porque resume cómo se movió el inversor institucional esa semana.
En paralelo, el telón de fondo macro jugó en contra. Desde el 31 de enero cobró fuerza la idea de una Reserva Federal más restrictiva [volvió a circular el nombre de Kevin Warsh para encabezarla], mientras seguía latente el riesgo de un cierre parcial del gobierno en Estados Unidos. A eso se sumó una temporada de resultados movida en las grandes tecnológicas/IA, con foco en el gasto de capital de Microsoft, y un telón geopolítico tenso [Venezuela, Medio Oriente, Europa]. Con ese combo, prevaleció la prudencia.
El punto más bajo llegó entre el jueves 5 y el viernes 6 de febrero, cuando BTC tocó mínimos en el área de USD 60.000–62.000. Desde el viernes 6 y con el inicio de esta semana [lunes 9 y martes 10 de febrero], el mercado empezó a normalizarse: menos liquidaciones forzadas, menos “ruido” técnico y compras más selectivas. El precio fue recuperando orden hasta estacionarse cerca de USD 70.000. Ether acompañó el patrón de fondo y, aunque con más vaivén, volvió a situarse sobre USD 2.000 entre el 6 y el 9–10 de febrero.
La comparación con los metales ayuda a leer el clima. Entre el 31 de enero y el 6 de febrero, el oro marcó máximos históricos y luego cedió parte del avance con tomas de ganancias. La secuencia es conocida: cuando sube la incertidumbre global, el dinero busca primero refugios profundos; cuando el ruido baja, aparecen ventas parciales sin romper la tendencia de fondo. Ese ida y vuelta en oro (y, en menor medida, en plata) sugiere que no estábamos ante un pánico financiero, sino ante ajustes de posición extendidos a varios activos.
Mirado con calma, los últimos diez días dejan tres ideas prácticas. Uno: los fines de semana cuentan más en cripto porque bitcoin procesa primero lo que el resto del sistema ajusta el lunes. Dos: las caídas rápidas suelen tener mucha mecánica (apalancamiento, stops) y poco de cambio estructural; al limpiar ese exceso, el precio tiende a estabilizarse. Tres: mirar al oro sigue siendo útil para tomar la temperatura global: si corre y no afloja, el mundo está más tenso; si sube y luego entrega, el mercado está cauteloso pero funcional.
De corto plazo, USD 70.000 opera hoy entre los USD 66.000 y los USD 70.000 aprox, [miércoles 11 de febrero de 2026] como referencia psicológica clara para bitcoin. Si el entorno macro no trae sorpresas (datos de inflación y empleo, o giros en política monetaria) y la geopolítica se mantiene sin sobresaltos, el rango actual puede sostenerse.