¿Cómo nos afecta económicamente la guerra entre Rusia y Ucrania?
Opinión

¿Cómo nos afecta económicamente la guerra entre Rusia y Ucrania?

Sixto Otoya Ching
Sixto Otoya Ching

Hace unas semanas, el mundo fue testigo de un nuevo evento de guerra entre dos países, en este caso Rusia y Ucrania. El detonante de esto aparentemente fue el reconocimiento por parte de Rusia de “república independiente” a las zonas de Donetsk y Luhansk, áreas en donde desde 2014 existe un conflicto constante entre separatistas prorrusos y el gobierno ucraniano. El avance de la invasión a Ucrania por parte de Rusia, a la fecha de la elaboración del presente artículo, aún no cesa, generando cada día que pasa una serie de efectos nocivos para la población ucraniana, entre ellos muertes y movimientos a otros países en calidad de refugiados.

Si bien geográficamente lo consideramos lejos de Latinoamérica, este lamentable evento está teniendo una serie de repercusiones económicas que deberíamos tener presentes. Uno de los primeros en aparecer fue el aumento significativo del precio del petróleo. En detalle, el barril de petróleo pasó de cotizar entre los 70 a 80 dólares por barril a estar por encima de los 100 dólares, independiente de la referencia que se tome (WTI o Brent). Lo anterior ha sucedido como consecuencia de las sanciones que distintos países y bloques, como la Unión Europea, están aplicando a Rusia, entre ellas el prohibir la importación de petróleo y gas proveniente de este país. Considerando que Rusia es el tercer productor de petróleo en el mundo, estas sanciones representarán un impacto importante en la oferta, lo que ha traído como consecuencia este aumento sostenido en los precios. Tendencia similar se observa en el precio del gas natural, mercado en el que Rusia es el segundo productor más relevante.

Otra materia prima afectada es el trigo, que ha visto su precio casi duplicarse en unas cuantas semanas, aunque recientemente se ha estabilizado un poco. De la misma manera que el caso anterior, Rusia es uno de los principales productores mundiales de este alimento, por lo que las sanciones impuestas al país solo generan mayor especulación sobre las dificultades que tendrá en hacer envíos a otros países y, por ende, el potencial desabastecimiento que se generaría producto de ello. Además de estos commodities, se han observado incrementos en el precio de diversas materias primas, desde el nickel y el cobre, hasta el maíz y la soja, todos estos alentados por el escenario de incertidumbre generado por la guerra. Es en este contexto que también destacan los bienes conocidos como “safe haven” o bienes refugio, los cuales destacan por mantener o aumentar su poder adquisitivo durante escenarios de crisis como estos, dado que los inversionistas consideran que no perderán su valor. De estos bienes resaltan principalmente el oro.

Es importante realizar una mención especial para las criptomonedas, activo que ha recibido distintas calificaciones en los mercados. En los primeros días de la guerra entre Rusia y Ucrania, en base al aumento de la percepción de riesgo global, el valor de las criptomonedas cayó de manera drástica, reflejando una naturaleza especulativa y volátil, contrastando con algunas apreciaciones que consideraban este activo como el “nuevo oro”.

Sin embargo, en las últimas semanas estos activos han aumentado su valor, como se puede observar, por ejemplo, en Bitcoin (+13,6% en el último mes), presumiblemente en respuesta a una menor percepción de riesgo global, basada en la reducción de las tensiones entre Rusia y Ucrania. Si bien es un activo muy atractivo para distintos perfiles de inversionistas, en situaciones de incertidumbre global, de momento, parece tener un comportamiento volátil y especulativo similar al de las materias primas.

¿Cómo todo esto tiene impacto en nuestro día a día? Existen, al menos, tres canales, principalmente vinculados a un fenómeno en común: mayor inflación. El más directo es el aumento en los precios del petróleo y el gas natural, que no solo impactará en el costo de la gasolina y en los gastos del hogar, sino que también tendrá repercusiones en los costos de transporte a nivel nacional e internacional, generando indirectamente un aumento de precios generalizado. Como ejemplo se puede tomar a España, país que ha visto incrementarse el costo de electricidad de los hogares a más de € 700 MWh, la tarifa de luz más alta de la historia, desde los €150 - €190 MWh que se registraban tan solo meses atrás.

Por otro lado, el aumento considerable del precio del trigo y otros alimentos puede conllevar efectos nocivos para países de bajos ingresos, los cuales no van a poder costear los alimentos necesarios para la subsistencia de su población. A lo anterior, se suma el aumento del valor del dólar, que puede traer consigo una mayor complicación para los países importadores de alimentos, al encarecer en exceso estos bienes y desencadenar potenciales crisis alimentarias en países en vías de desarrollo.

¿Qué esperar hacia adelante? Si bien recientemente se ha observado cierto retroceso en las intenciones bélicas de Rusia, el contexto que se vive actualmente es aún incierto. No hemos visto avances en las negociaciones entre Ucrania y Rusia, por lo que es muy probable esperar que las tendencias señaladas líneas atrás continúen, es decir, precios altos del petróleo y el gas natural, así como de la gran mayoría de materias primas.

Asimismo, es muy probable que el oro y el dólar se sigan revalorizando, en respuesta a esta gran incertidumbre. Sin embargo, es importante notar que aquellos países productores de materias primas, como Perú y Chile con el cobre o Colombia con el petróleo, pueden experimentar apreciaciones en sus monedas, debido a que el aumento de los precios de estas materias primas usualmente revalorizan sus monedas. Como contrapartida, el aumento de precios generalizado, y particularmente el de los combustibles, ya está generando complicaciones y manifestaciones sociales en muchos países.

¿Qué debemos esperar todos? Que el conflicto actual acabe pronto y que eventos de guerra como este no se vuelvan a repetir en adelante, por la gran cantidad de pérdidas humanas y económicas que se generan como consecuencia.

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