El 18 de mayo de 2010, un programador llamado Laszlo Hanyecz publicó un mensaje en el foro Bitcointalk. El mensaje decía, más o menos, esto: ofrezco 10.000 Bitcoin a quien me traiga dos pizzas grandes a casa. Me gustan las cebollas, los pimientos, la salchicha, los champiñones, los tomates, el pepperoni. Nada de pescado. Gracias.
Nadie respondió durante cuatro días.
En 2010, Bitcoin tenía un año de vida y era básicamente un experimento que seguían unos pocos cientos de personas en foros de internet. No había casas de cambio establecidas, y no había forma sencilla de convertirlo en dinero real. Casi nadie lo usaba para comprar nada. Había una comunidad pequeña y visionaria que creía en lo que Bitcoin podía llegar a ser, pero fuera de ese círculo, el mundo casi no sabía que existía
Laszlo Hanyecz sí sabía qué era. Era uno de los primeros mineros de la red y uno de sus primeros desarrolladores, había creado el primer cliente de Bitcoin para Mac y había descubierto que las tarjetas gráficas minaban Bitcoin mucho más rápido que los procesadores convencionales, lo que desató la primera gran expansión de la red. Tenía miles de Bitcoin acumulados. Y tenía hambre.
Su cálculo era simple: Bitcoin estaba diseñado para ser dinero. El dinero sirve para comprar cosas. Si nadie lo usaba para comprar cosas reales, ¿en qué sentido era dinero? Alguien tenía que dar el primer paso.
El 22 de mayo de 2010, un estudiante de 19 años llamado Jeremy Sturdivant, conocido en los foros como "jercos", leyó el mensaje y decidió aceptar. Desde California, llamó a un Papa John's en Jacksonville, Florida, al otro lado del país, y pagó menos de 50 dólares con su tarjeta de débito por dos pizzas grandes. Las pizzas llegaron a la casa de Laszlo. Laszlo transfirió los 10.000 Bitcoin a Jeremy. Y publicó en el foro: "Solo quiero reportar que cambié exitosamente 10.000 Bitcoin por pizza."
En ese momento, los 10.000 Bitcoin valían aproximadamente 41 dólares.
Esa fue una de las primeras compras de un bien físico con Bitcoin que se sabe que ocurrieron en la historia. Ese fue uno de los hitos donde Bitcoin dejó de ser solo una idea en un whitepaper y se convirtió en algo que servía para pagar una cena.
Jeremy recibió los 10.000 Bitcoin y los gastó relativamente rápido, cuando valían alrededor de 400 dólares en total, en un viaje con su novia y videojuegos. Años después diría en una entrevista con The Telegraph que "ciertamente" lamentaba haberlos gastado tan pronto, pero que en ese momento no estaba pensando como inversor sino como alguien que quería ayudar a un compañero de foro. "Si lo hubiera tratado como una inversión, quizás lo habría guardado más tiempo", dijo. "Pero probablemente lo habría vendido a un precio más bajo de todas formas, quizás cuando 1 Bitcoin valía 1 dólar."
Laszlo, por su parte, siguió comprando pizza con Bitcoin durante todo ese verano de 2010. El gasto total de ese período, según él mismo reconoció más adelante, rondó los 100.000 Bitcoin, el equivalente a más de 8.000 millones de dólares a precio actual. "Intento no pensar en ello", diría en una entrevista posterior. "Primero, porque no tiene sentido, y segundo, porque me volvería loco. Yo minaba esos Bitcoin y en ese momento era como si me estuvieran regalando comida. No valían mucho entonces. No habría gastado 100 millones de dólares en pizza, ¿verdad? Pero si yo no hubiera hecho eso, quizás Bitcoin no se habría hecho tan popular."
Tiene razón en algo, aunque en ese momento nadie lo veía así. La transacción no fue un hito solemne ni un acto deliberado de evangelización — fue un programador con hambre que quería probar que el sistema funcionaba en la práctica. La noticia circuló por los foros como una curiosidad divertida: alguien había cambiado miles de monedas digitales por pizza. El chiste, con los años, resultó ser el más caro de la historia.

El 22 de mayo se celebra en todo el mundo como el Bitcoin Pizza Day. Exchanges y negocios ofrecen descuentos, la comunidad cripto publica la foto de las pizzas de Laszlo, y alguien inevitablemente hace el cálculo de cuánto valen ahora. La respuesta siempre es una cifra que cuesta procesar.
Lo que hace grande esta historia no es el error de cálculo. Es lo que revela sobre cómo funciona el dinero.
El dinero no tiene valor porque sí. Tiene valor porque la gente decide que lo tiene y empieza a usarlo. El oro es escaso y la gente históricamente acordó que eso lo hacía valioso. El papel moneda funciona porque los gobiernos lo respaldan y la gente confía en eso. Bitcoin, en 2010, era código — nuevo, fascinante, en pleno desarrollo — pero sin nadie que lo usara para comprar algo real, seguía siendo solo un experimento.
Laszlo Hanyecz entendió eso antes que casi nadie. Y pagó, literalmente, el precio de entenderlo demasiado pronto.
Cada año, el 22 de mayo, el mundo cripto come pizza. Es la forma más sabrosa de recordar que toda revolución empieza con alguien que da el primer paso — aunque ese paso cueste mil millones de dólares en retrospectiva.
Lo interesante es que hoy ese experimento ya no es una excepción. Millones de personas usan criptomonedas todos los días para enviar dinero, pagar servicios o moverse entre países sin bancos. Lo que empezó con dos pizzas hoy es infraestructura financiera global.