Hay noticias que parecen puro entretenimiento… hasta que te das cuenta de que describen, sin querer, cómo funciona un mercado cuando hay pocas unidades, muchos ojos mirando y dinero compitiendo por lo mismo.
Esta semana pasó con una carta de Pokémon.
Logan Paul vendió su Pikachu Illustrator por US$16,5 millones en Goldin Auctions, después de 41 días de pujas. Él mismo la había comprado en 2021 por US$5,275 millones, que en ese momento quedó registrado como récord para una carta Pokémon.

Si te quedas solo con el número, parece, la tontera mas grande del mundo. Pero si miras cómo se forma ese número, la historia se vuelve bastante más familiar: no es “el cartón”, es la dinámica.
Primero, la pieza es escasa por diseño y por historia. La carta fue creada para un concurso de 1998 y, según los reportes, existen solo “unas pocas docenas”; no es un mercado masivo, es un círculo pequeño de potenciales compradores y un círculo aún más chico de potenciales vendedores.
Segundo, el precio se construye como se construyen muchos precios grandes: cuando aparece el comprador correcto en el momento correcto. En una subasta no hay “precio promedio”: hay un punto final en que dos personas (o tres) deciden hasta dónde llegan por el derecho de decir “es mía”. Y ese remate, por definición, puede quedar muy por encima de cualquier referencia previa.
Y tercero [lo más útil para entender el resto de los mercados]: estas ventas funcionan como un espejo del clima. En tiempos de confianza, los activos “de colección” recuperan brillo porque mezclan estatus y apuesta de largo plazo. En tiempos de nervios, la misma pieza puede quedarse quieta por meses, no porque cambie su rareza, sino porque cambia el ánimo y la liquidez disponible.
Por eso esta noticia sirve para entender algo simple: en activos escasos, el precio no siempre es “lo que vale”, sino lo que el mercado está dispuesto a reconocer hoy, con la liquidez y la confianza que tenga hoy.
Y acá es donde se parece a Bitcoin por una razón bien concreta: la escasez creíble. En la carta, la escasez viene de una historia puntual (un concurso, una tirada limitada, pocas unidades que sobreviven). En Bitcoin, la escasez viene de una regla pública: el protocolo fija un máximo de 21 millones. No significa que el precio “tenga que” subir en línea recta; significa que, cuando entra convicción y hay más demanda que oferta disponible, el ajuste se nota rápido. Y cuando se va la convicción [o se seca la liquidez], también.
Lo vimos en coleccionables. Se ve en arte. Se ve en relojes. Y se parece bastante a lo que pasa en Bitcoin cuando el mercado entra en modo de convicción… o en modo de pausa.