Stefan Thomas sabe exactamente cuánto dinero tiene. Sabe en qué ciudad está guardado. Sabe el nombre del dispositivo que lo contiene. Lo que no sabe es la contraseña.

Y eso lo cambia todo.

Adentro hay 7.002 Bitcoin. Más de 800 millones de dólares. El dispositivo es una USB encriptada, una cold wallet, una billetera de hardware que vive desconectada de internet, sin depender de ninguna plataforma, y permite exactamente diez intentos de contraseña antes de destruir su contenido para siempre.

Stefan ya usó ocho.

Le quedan dos.

Esto ocurrió porque en 2011, cuando Stefan era un programador que acababa de hacer un video explicando qué era Bitcoin, le pagaron con 7.002 monedas. Valían menos de 7.000 dólares en total. Las guardó en esa USB, anotó la contraseña en un papel, y siguió con su vida.

El papel desapareció. También borró dos copias de respaldo.

Desde entonces, ese dispositivo vive en una bóveda en Suiza. Sin solución confirmada.

A miles de kilómetros de distancia, James Howells tiene el mismo problema. Pero el suyo está enterrado bajo la tierra.

En 2013, Howells era un técnico de IT en Newport, Gales. Estaba ordenando su casa. Su entonces pareja llevó al vertedero una bolsa con cosas que ya no servían. Adentro, sin que ninguno de los dos lo supiera en ese momento, había un disco duro con 8.000 Bitcoin.

Howells se dio cuenta después. Demasiado tarde. El año que ocurrió, esos Bitcoin tenian un valor de unos pocos miles de dólares. A día de hoy son mas de 900 millones de dólares.

Lo que vino después duró doce años. Pidió permiso para excavar el vertedero con equipos especializados. Ofreció millones como recompensa. Propuso donar parte de los Bitcoin a la comunidad de Newport. Intentó comprar el vertedero completo. Demandó al consejo municipal. Apeló la sentencia.

En enero de 2025, el tribunal desestimó su caso. En marzo de 2025, el Tribunal de Apelaciones hizo lo mismo. En agosto de 2025, Howells anunció que dejaba de buscar.

El disco sigue ahí. Enterrado bajo entre 110.000 y 200.000 toneladas de basura. Perfectamente intacto, según él. Completamente inalcanzable, según todos los demás.

Estas dos historias no son accidentes raros. Son la cara humana de Bitcoin, según la palabras de nuestros CFO, Guillermo Torrealba.

Se estima que entre 3 y 4 millones de Bitcoin están perdidos para siempre. Entre el 15% y el 20% de todos los que existen en el mundo. Claves olvidadas, hardware destruido, dueños que murieron sin dejar instrucciones. El sistema los registra perfectamente en la blockchain. Simplemente nadie puede tocarlos.

La razón es técnica pero simple: en Bitcoin, quien controla las claves privadas controla las monedas. No hay banco que intervenga, no hay contraseña de recuperación, no hay servicio al cliente. Es libertad total, y responsabilidad total. Cuando alguien guarda sus Bitcoin en un exchange como Buda.com, la plataforma administra esa custodia y ese riesgo desaparece casi por completo. Pero cuando alguien decide guardar sus propias claves, como hicieron Stefan y Howells, la historia puede terminar como la de ellos.

Y luego está el caso más silencioso de todos.

Cerca de 20.000 direcciones acumulan aproximadamente 1 millón de Bitcoin. Se minaron entre 2009 y 2010, en los primeros meses de la red. Nunca se han movido. Ni uno solo.

Pertenecen a Satoshi Nakamoto.

O pertenecían. Nadie sabe si Satoshi sigue vivo. Nadie sabe si las claves existen en algún lugar del mundo o si las destruyó. Nadie sabe si algún día esos Bitcoin van a despertar. Lo que sí se sabe es que si Satoshi moviera aunque sea una fracción mínima, el mercado entero lo notaría en segundos. Sería el evento más observado en la historia de las criptomonedas.

Más de quince años de silencio absoluto.

Satoshi escribió alguna vez, antes de desaparecer para siempre:

"Las monedas perdidas solo hacen que las de todos los demás valgan un poco más. Es como una donación a todos."

Stefan Thomas sigue con dos intentos pendientes.

James Howells ya dejó de buscar.

Y en algún lugar, o en ninguno, están las claves de Satoshi.

Mientras tanto, esos millones de Bitcoin siguen ahí. Visibles para cualquiera que quiera mirarlos en la blockchain. Intocables para todos, incluyendo sus dueños.

¿Tienes Bitcoin? Guarda tus claves. En serio.